sábado, 30 de enero de 2010

La Octava...

Octavio “El Chayote” Schellotti

Octavio contemplaba todas las noches de otoño la podredumbre desde el último piso del edificio en el que vivía. Su hogar, si es que a eso le llamaba hogar, era uno de esos mini departamentos, dizque de 2 recámaras, baño, cocina-comedor y un pequeño (como lo era todo ahí) corredor externo que conducía a las posibles salidas.
El padre de Octavio Schelloti, Don Roberto Schelloti era un migrante italo-argentino que había tratado de borrar su pasado y llegó en el 69 a radicar al Estado de México, el parecido entre Don Roberto y Octavio era impresionante. Incluso tenían la misma estatura y el mismo timbre de voz… Esto realmente inverosímil.
Claro que Octavio era mucho más joven; él se había dedicado a trabajar como asesor en una compañía publicitaria, dada su profesión, diseñador gráfico.
En realidad, Octavio podía cambiar de piso, a uno mejor, cuando él mismo se decidiera, pero jamás lo iba a hacer, le resultaba muy conveniente reducir las expectativas de sus múltiples acompañantes nocturnas sobre su manera de vivir. Y como le gustaba consumir cocaína cada vez que llevaba a alguna de esas bacanas, ellas siempre pensaban que todos sus dineros se los esnifaba; cual aspiradora elimina el último reducto de polvo de sus impecables habitaciones.
La noche del 23 de octubre de 2009 convenció a una de sus imposibles, Lucía Cherro, una mina que, al igual que los Schelloti, era parte de la comunidad “argenmex”, lo cual dificultaba bastante las cosas, porque Lucía conocía mejor a Octavio, a diferencia del resto de bacanas.
Lucía era una mina elegante y muy concupiscible, muchas veces se habían visto en domingo para comer el asado entre las familias; pero ‘El Chayote’ jamás se había decidido realmente pinchar a esta presa rubia.
Lucía pudo ser el elemento que centrara al ‘Chayote’, pero no, Octavio hizo de su forma un modus vivendi que lo llevaría a encontrar el destino que finalmente correspondía a Don Roberto, y la vida es así, a veces.
Esa noche de viernes fue muy extraño, pero aproximadamente a las 23:45 cuando Lucía y Octavio yacían desnudos en la cama, revueltos entre sudor y sábanas; alguien tocó a la puerta insistentemente.
Lucía tenía el presentimiento de hacer caso omiso a la imprudente presencia de detrás de la puerta, Octavio subió un poco más la intensidad de su minicomponente y de sus empellones en la espalda caucásica de Lucía, mientras golpeaba con las palmas de sus manos, con considerable rudeza las abultadas nalgas desnudas de Lucía.
Fue justo en medio de esos segundos gloriosos cuando se escuchó un ruido muy fuerte; como si la presencia amenazadora supiera el momento de mayor vulnerabilidad de esos 2 argenmex, que yacían hermosos, inermes y exhaustos, cual presas moribundas en medio de un gran desierto…
Lo demás, dejó de escucharse, los silenciadores y las almohadas enmudecían las vidas de estos 2 hermosos jóvenes argenmex, las blancas sábanas y almohadas se tiñeron de rojo lentamente, el resto fue una auténtica obra de sádicos profesionales.
Mientras el teléfono celular del Chayote vibraba, una voz ronca y grave contestaba y decía:

- Roberto, “che”, no te preocupés por la deuda ya me he cobrado con intereses -

viernes, 17 de agosto de 2007

LA SÉPTIMA...

En alguna parte en el horizonte está oscureciendo un poco más, creo que no es normal y sólo faltan algunos minutos para las 7 de la noche…

El cielo es una suerte de contradicciones, en alguna parte se le encuentra blanco, en otra azul, en otra gris y en otra demasiado gris, casi negra…
Hay un bullicio extraordinario aquí, la plaza está llena de gente que va y viene, el aire se pasea por las melenas de las personas, pero de pronto, algo me llama poderosamente la atención, como si una voz extraña me dijera: ¡Eh! Voltea.
Y entonces, volteo y veo esa cabellera, que además está bastante cerca y despide un aroma fresco y limpio; luego hay un rostro, bastante singular, diría yo, y aquel rostro me encanta, la poca luz del atardecer hace que eso parezca una imagen sacada de alguna escena de alguna extraña película futurista…
El extraño rostro me sonríe y me recuerda que tengo sólo algunos días más de vida, pero no más, ni modo, tendré que acercarme, tendré que sonreír y preguntarle: ¿Cómo te llamas?
Aunque en estos tiempos, parece que esas fórmulas ya no sirven, pero no se me ocurre otra cosa, tendré que vencer a mis demonios, los mismos que una vida entera me echaron por la borda a mí mismo, aunque sólo tenga unos días más de vida, ¡Lo puedo hacer!

lunes, 21 de mayo de 2007

LA SEXTA...

SON LAS 6 DE LA MAÑANA, LAS 6 DE LA MAÑANA.

La lluvia toca álgidamente a mi ventana, cuando es la primera hora de este martes, de uno de los últimos días de mayo. No puedo dormir y me levanto en unas horas; no hay nada en la televisión y no quiero encender ninguna otra cosa que no sea un faso.
Mientras la luz de la televisión ilumina mi rostro extraviado, imagino las horas que se aproximan…
Levantarme; ir a la fábrica, pero antes, tendré que pasar a la cocina económica, un par de cafés, tal vez otro par más y casi listo…
Y mientras saboreó esa deliciosa taza de café, casi expreso; en la radio avisan que esta lluvia no dejará de golpear el asfalto…
Si tan sólo estuvieras aquí para verme imaginándote en lo más profundo de esas alucinaciones y de tantas ensoñaciones que mis almohadas atestiguarían; con esa imaginación, con esa abstracción que siempre te llamó la atención, pero no…
Preferiste al petardo galancete, en lugar de todas mis noches llenas de frustración y alucinaciones plasmadas en papel, las cuales, por cierto, no son capaces de generar ganancias; y eso, ¡Claro! ¿Nos hacía falta? No puedo entender muchas cosas, de tantas y tantas que decías; muchas me suenan a mentiras…
Pero ya es demasiado tarde, empiezo a cerrar los parpados, empiezo a soñar otra vez y sin piedad, el despertador me destroza, tal y como tú, alguna vez lo hiciste. Son las seis de la mañana.

miércoles, 9 de mayo de 2007

LA QUINTA (LAS PUTAS APARIENCIAS)

LAS PUTAS APARIENCIAS…

La Quinta, supuestamente, en realidad era muy puta, y era tan puta que se acostaba con cualquiera por no menos de cierta, aunque no tan módica cantidad. Le decían la Quinta, tal vez, por ironía, tal vez, porque no era la primera opción, pero tampoco era la última. Hay varias razones por las que la Quinta no era la primera opción, una de ellas era precisamente la cantidad que cobraba…
¿Valía la pena? ¡Que si valía la pena! Tal vez otra razón era que parecía que te acostabas con varias mujeres al mismo tiempo.
Lo que a mí personalmente me conturba es que, la quinta era una mujer blanca. No había muchas mujeres blancas por aquí hace años, sin embargo, tengo que decir que la necesidad es terrible y en la casa de la Quinta no había ni sustento, ni techo para tanta prole.
La Quinta tenía sólo 14 años, su madre también era una mujer blanca; bastante maltratada de la piel, el cabello siempre revuelto y los ojos verdes, mismos que había heredado a la Quinta. No sé de dónde es que habían llegado a DeathTown, y nadie en la cuadra lo creía.
En aquella década, yo aún no necesitaba pagarle a la Quinta; pero después se asoció con un hombre que le doblaba la edad, aquél, supuestamente, era un hombre adinerado. Se le veía en automóviles diferentes, y al menos eso era importante para el decir de la gente, y por supuesto, era importante para la Quinta.
No tardo mucho en encajetarseº la quinta de aquel individuo, quien por cierto no era un portento de belleza humana y mucho menos. Muy por el contrario; era un guarro y un analfabestia, que tenía tal vez por única virtud aparentar cosas que no era, y ni al caso.
Luego ella se fue a vivir con él, quien terminó por administrarle el negocio a la Quinta; aunque no conforme con ello y para que todo el mundo supiera que la Quinta por fin le pertenecía; aunque fuera de dominio público, pues también le hizo uno que otro hijo.
Las condiciones de la Quinta, por supuesto que cambiaron, pero no creo que hayan mejorado, en DeathTown, cómo en casi todo DeathLand, las apariencias son casi todo, para la mayoría de la gente, pero eso sigue pasando y seguirá pasando, y yo no sé porque la gente sigue pensando que conservar las apariencias es lo principal, pero bueno, aquí no dejaré mis reflexiones. Mejor aún, como dije al principio.

ºDel lunfardo: Enamorarse apasionadamente.

martes, 17 de abril de 2007

LA CUARTA (DE BASKETBALL)

La 4a o el Basketball…

Afuera de la casa de Del había una cesta para jugar Basket, que él y su padre habían instalado y muchas veces mi hermano y yo íbamos a jugar con él, y luego llegaban Foggy y Leenchov. Pero había un muchacho que siempre jugaba fútbol, que a veces sólo iba a mirar y nunca se acercaba, nadie se había dado cuenta de esto, pero sobre todo en verano llegaba a la esquina y cerca de aquella plaza en otra calle sus amigos y aquel muchacho se juntaban para jugar al fútbol; nosotros a veces también jugábamos al fútbol, pero la verdad es que combinábamos todas nuestras posibles actividades, para aburrirnos menos; yo supongo que eso hizo de nosotros perfectos especialistas en todo y nada, porque cuando jugábamos con algunos chicos de otra cuadra al fútbol, pues la mayoría de las veces perdíamos, cosa que no ocurría en otros deportes, pero eso sucedía porque nadie más jugaba otros deportes, con excepción del chico que antes mencionaba, al que por lo menos, le gustaba mirar.
Un día, de aquellos veranos frescos, el balón se nos escapó hasta aquella esquina y el muchacho, sintió la necesidad de tocar el balón, pero la verdad es que podía ser muy hábil con los pies, pero en el momento en que quiso tomar el balón con sus manos, pues tuvo problemas, aún mayor problema fue cuando le pedimos el balón y en vez de lazarlo, lo tomó entre sus manos y lo pateó, tal cual, cualquier despeje de portero.
Sin importar, aquello, Foggy le dijo:

¡Hey! Cuidado amigo, ese balón no se debe patear -

Supongo que eso, se lo tomó muy mal, porque nunca regresó a vernos jugar, a aquella esquina; pero sólo yo sé que años después se reunía con otros muchachos en un lugar distinto, por todos los cambios que sufrió aquel Deathtown, en unas nuevas canchas de basketball.

martes, 3 de abril de 2007

LA TERCERA...

De odio, discriminación y dolor.

En las calientes tardes de la primavera de 1983, Leenchov se dedicaba a llenar de polvo de las calles de Deathvalley, las suelas de sus negras botas desgastadas, viejas y desgastadas; pero eso realmente le gustaba, se le notaba en su rostro, por aquella sonrisa que permanecía enterrada debajo de ese aspecto sereno, pero sobre todo cuando sacaba su paquetín de Alas azules, lamía el cigarro de extremo a extremo y luego le pasaba un cerillo para humearlo un poco, antes de encenderlo.

Yo siempre lo esperaba en la esquina de la vieja plaza de Deathtown, en el mismo lugar, llegaba silbando la misma tonada de Can’t take my eyes off you, siempre con el mismo atuendo, sino el mismo precisamente, más o menos el mismo, las mismas viejas botas negras que le gustaba sacar a pasear, el pantalón de mezclilla desgastado, su playera blanca y una camisa de franela, después de todo, en la calle, el calor no era tanto.

Y siempre llegaba saludando y diciendo: - ¿Has visto a Sammie? –

Por supuesto, yo casi nunca la veía, por que ella si que era una jovencita realmente ocupada.

Sammie era la clase de chica que no tenía y nunca adoptó las viejas usanzas de Deathtown, por supuesto su padre era bastante comprensivo y apoyaba en todo a Sammie, desde sus estudios en la preparatoria, hasta ser cordial con Leenchov e invitarlo de vez en cuando a cenar o ver el béisbol por la televisión.

La cuadra en la que viví durante más de 20 años en Deathtown era la cuadra más americana que pudiera haber en miles de millas a la redonda; si no hubiera sido por todos esos momentos que pasamos juntos, no sé que hubiera sido de mi vida; pero creo que tengo que hacer un paréntesis, para explicar un poco mi cuadra.

A finales del siglo antepasado llegaron varios inmigrantes, es decir, nuestros antepasados, al centro de Deathtown, pero nadie sabe, sí en aquellos días eso estaba realmente considerado como el centro de Deathtown, personalmente creo que no, porque entonces, los oriundos, muy probablemente, no hubieran dejado a los inmigrantes alquilar, y con el paso de los años adquirir sus viviendas en ese lugar, pero nuestros antepasados fueron además de afortunados, bastante ingeniosos, porque en aquellas condiciones y entre gente tan arraigada a su modus vivendi, se vieron en la necesidad de cambiar sus apellidos por algo más ‘mexicano’; pero en esta parte no voy a entrar en detalles.

Tal vez, fue el cambio de apellidos lo que hizo más fácil la estancia en el centro de Deathtown, pero además con el paso de los años, fue un fenómeno realmente extraño, porque, al menos, en mis días de juventud, puedo decir que aquello parecía un ghetto en el centro de la comunidad, tal vez la gente pensó: Eso cambiará. Cómo fue que pasó, pero la cuestión aquí, es que esos días dentro de ese ghetto ‘amigable’ fueron muy cómodos.

Nosotros, los güeritos, aunque realmente no éramos todos güeros, algunos más bien blancos, otros un poco más bien rubios, pero a ellos, no les importó jamás, siempre agarraban parejo y a todos nos llamaban de esa manera, pero nunca lo vimos como algo ofensivo, ni discriminador, porque estábamos, aparentemente bien con todos, sin molestar y sin ser molestados; teníamos nuestras costumbres: Ver el béisbol, el fútbol (aunque ellos le llamaban americano), escuchar a Frank Sinatra, Glenn Millar, Gardel, o algo más contemporáneo pero en inglés u otra idioma, o de otro país, simplemente porque nos gustaba y ese gusto lo compartíamos, pero era ahí donde entraba lo discriminador, porque a ellos no les gustaba.

Pero regreso al relato de Leenchov y Sammie, eran una pareja encantadora, como fueron durante muchos años; Del y Jenny, Foggy y Sarah, Diane y yo; pero esas son otras historias.

Recuerdo que Leenchov casi nunca encontraba en la calle a Sammie, pero, como antes dije, siempre preguntaba por ella, después del ritual de la esquina, caminábamos un poco, como para huir del calor, sobre todo del calor de aquella primavera del 83.

El 19 de abril de aquella primavera festejábamos el cumpleaños 17 de Del, pusimos el tocadiscos y sacamos los discos de acetato de colección de las big bands, compramos unas cervezas y también compramos un pastel adornado con el logo del equipo de los Mets. Todo iba fantástico, pasaban un partido de pretemporada entre los Mets y los Dodgers, lo cual aderezó la tarde – noche.

Alrededor de las 20:45 llegaron algunos oriundos un poco ebrios a colarse a la fiesta, lo que nos puso incómodos a todos, entonces no éramos lo fuertes que ahora somos y ellos ya eran un poco mayores.

El padre de Del trató de persuadirlos de que nos dejarán en paz y fueran a seguir su fiesta a otra parte, pero ellos se pusieron más tozudos y más agresivos, entonces empezaron a manotear al padre de Del y él se enojó, lo que nos llevó a los empujones y justo cuando inició la pelea Sammie trató de agarrar a Leenchov, pero uno de los hombres oriundos, cegado por el alcohol y el odio hacia nosotros, le clavó un cuchillo en el pecho a Sammie y ella instantáneamente cayó.

Aquello fue tan rápido y tan estrepitoso que lo que recuerdo es desvanecerse aquella melodía de At the Woodchoper’s ball y cambiarse por gritos y lamentos de dolor; pero esa imagen de Leenchov sosteniendo en sus brazos a Sammie, jamás la voy a olvidar.

Hacia calor realmente aquella primavera del 83, pero esa noche nuestros huesos se helaron y nuestro festejo fue cambiado por la muerte de Sammie y en gran parte de Leenchov.

Aunque después, cuando llegó el padre de Sammie fue todavía más oscuro todo, más desgarrador y más terrible, ver a ese hombre desplomarse ante la tragedia de la muerte de su hija y por supuesto nuestra amiga, a quién jamás olvidaremos.

Creo que a partir de ese día las cosas empezaron a cambiar rápidamente, pero Del, Leenchov, Foggy y yo, juramos seguir juntos a pesar de los años y las vicisitudes. Hoy estoy atrás de está computadora recordando a Sammie; aunque no puedo dejar de sentir un poco de ira, tal vez mucha y mucho dolor.

domingo, 1 de abril de 2007

La segunda...

La segunda o Los 12 centímetros y algo más…
(Después de leerlo, me pareció que tenía que aclarar: NO SOY MISÓGINO)

Cuando Noodless comprobó a través de un programa en el canal de Discovery que lo que yo venía diciendo, desde hace años, era cierto, sobre aquello de que las mujeres en su mayoría elijen hombres más altos que ellas; en realidad yo no me sentí mejor por haber tenido la razón en esa ocasión pero, yo quiero suponer que él tampoco se sentía tan bien…
El asunto aquí es fácil: La probabilidad de que una mujer heterosexual voltee a mirar y/o le haga caso a un hombre para que ande con ella en cualquier modalidad, es más alta si tienes más de doce centímetros que ella (Discovery channel dixit).
Ahora bien, si yo no me sentí muy bien por tener la razón, es porque es muy difícil que yo tenga más de 12 centímetros que cualquier fémina. La razón por la cual Noodless no debe sentirse bien, es que, es posible que con su 1.90 metros de estatura, viviendo en este Deathvalley, sobrepase en más de 12 centímetros a casi cualquier femme.
El segundo punto por aclarar es que según la vida cotidiana de Noodless al menos tres mujeres al día le coquetean y eso, dice, no es nada agradable; y yo, por el contrario al menos trescientas mujeres en 10 años no quieren absolutamente nada conmigo, lo cual tampoco es agradable.
Pero el tercer punto es en el que confluyen las ideas sobre estas atracciones o rechazos, es decir, el primitivismo en el que se desploman muchos miembros de la raza humana, en esta ocasión, lamentablemente se pone en evidencia a como dijeran los italianos; una donna come te, o sea las féminas.
Muchas mujeres dicen que los hombres les gustan si:
A) Son inteligentes: Puedo decir, personalmente que su noción de inteligente esta bastante bizarra (en el sentido de bizarro el de superman, es decir alterada, tervigersada)
Y muchas veces terminan diciendo que inteligente es aquel que es sensible, que tiene una profesión, que tiene éxito (de acuerdo a los parámetros sociales convencionales, casa, automóvil, móvil, dinero).
Lo que puedo decir al respecto, es que hay muchos hombres que han sido brillantes y que han muerto en la miseria y existen muchos casos, también ha habido muchos hombres que son brillantes pero a muchos se les reconoce su obra post mortem, yo supongo que a muchos otros no.
Aquí me gustaría mencionar algunos nombres que, incluso, muy probablemente el lector ni siquiera haya oído hablar alguna vez en su vida sobre ellos, tal es el caso de por ejemplo Pétrus Borel, quién sacrificó a su can mascota por no tener medios para mantenerlo, asimismo terminó sus días en la miseria, en África; Franz Kafka, de quien podemos decir que su obra fue reconocida por azares del destino hasta después de su muerte; o Karl Marx, quien junto a su familia vivieron casi siempre en la penuria económica; o Nikola Tesla quien entre otras cosas fue el inventor original de la radio, hecho que registró en papeles y demostró públicamente cinco años antes que Marconi; creó también un desintegrador atómico capaz de evaporar rubíes y diamantes; construyó lámparas de neón sin hilos, que daban más luz que las actuales, entre muchos otros inventos y que logró antes del año 1900; a pesar de eso murió en la extrema pobreza y sin cumplir su sueño de darle electricidad gratuita a toda la humanidad, precisamente por ser incomprendido.
La sensibilidad tiene más bien que ver con cultivarse, pero hay gente que confunde sensibilidad con cursilería; que igualmente tiene que ver con parámetros establecidos, pautas sociales de interacción entre los dos sexos. Por supuesto, suena bastante rígido esto, pero la mayoría de la veces es así, así funciona.
Un ramo de rosas, cualquier arreglo florar (entre más ostentoso, más funcionará), chocolates, osos de peluche que entre más grandes más significativos son, joyas, autos, móviles, etc., definen por su valor a la persona que los obsequia, según las reglas de la sociedad.
No estamos tan alejados de nuestro primo el chimpancé; ser primitivos a muchos se les da, hemos cambiado el instinto por el precio que el sistema social le etiqueta al ser humano.
Otro asunto es que si un hombre es inteligente o demasiado inteligente, (casi rayando en la genialidad) generalmente se aleja de las pautas de interacción social, es, muchas veces, lo que mucha gente llama un introvertido, o un freak, o un geek (Como Gosu, ja), o cualquier etiqueta que le pongan, pero se aleja de los asuntos sociales convencionales.
B) Es fácil, quién no le pone precio al caballero, le mira los doce o más centímetros de diferencia, porque, tiene que ver con una cuestión básica: protección. Las mujeres, aunque se digan independientes, modernas, que sé yo, siguen buscando en sus parejas esa diferencia de 12 centímetros o más, no importa si son gordos o flacos, en realidad lo que importa es esa apariencia de oso de peluche gigante que le proporciona un sentimiento de seguridad.
C) La contraparte que habría que mencionar es que los seres humanos somos variados y complejos y por lo tanto (incluso aunque hubiera una regla generalizada) tendrían que existir excepciones, supongo que las habrá, pero yo aún no lo sé de cierto.